Nutrición para las personas de la tercera edad

¿Qué recomendaciones generales pueden favorecer la nutrición del anciano?.
– Comer y beber forma parte de la alegría de vivir.
– Comer en compañía y en un ambiente relajado, despacio y masticando bien. – Repartir los alimentos en 4-5 comidas diarias: desayuno, media mañana, almuerzo, merienda y cena.
– Consumir una gran variedad de alimentos con alta densidad en nutrientes y en cantidades moderadas, en especial los de origen vegetal (frutas, verduras, legumbres, cereales integrales) por ser fuentes importantes de hidratos de carbono, fibra dietética, vitaminas y minerales.
– Evitar el exceso de grasas saturadas procedentes de la mantequilla, carnes muy grasas, embutidos, lácteos enteros y productos de bollería. – Utilizar como fuente de grasa principal el aceite de oliva o de semillas. No abusar de cocciones grasas como los fritos, rebozados y empanados.
– Limitar el consumo de alimentos ricos en azúcares simples como la miel, dulces, azúcar de mesa, etc. – Cuidar el aporte de calcio con una ingesta diaria de leche o derivados. – Moderar el consumo de sal y alimentos salados. Utilizar especias como aderezos en ensaladas y comidas (ajo, cebolla, pimienta, pimientos, tomillo, limón, clavo,…).
– Tomar 1,5-2 litros de agua diarios para evitar la deshidratación. – Asegurar un aporte adecuado de proteínas de alto valor biológico para evitar una mayor pérdida muscular. – Moderar el consumo de alcohol. Si hay costumbre de tomarlo, se aconseja no superar los 30 g de etanol diarios. Esta bebida puede deprimir el apetito, desplazar a otros alimentos de la dieta y puede interaccionar con algunos nutrientes como las vitaminas B1, B2, B6 o C y con los fármacos.
– Realizar actividad física regular y adaptada a las posibilidades de cada persona.
– Cuidar la dentadura e higiene bucal para poder masticar bien y no tener que suprimir ningún alimento de la dieta (así se evitan carencias nutricionales).
– Reducir o eliminar el tabaquismo.
– Utilizar suplementos nutricionales cuando sea necesario en caso de riesgo de carencias de vitaminas y minerales. El facultativo suele recomendarlos cuando hay un aumento de la demanda nutricional (neoplasias, grandes quemados, fiebre, sepsis, infección, fibrosis quística, gastrectomías y periodos postoperatorios), trastornos de la digestión y absorción (enfermedad inflamatoria intestinal, pancreatitis, diarreas crónicas y síndrome de intestino corto) o disminución de la ingesta oral (dentición inadecuada, anomalías mecánicas de la deglución o dentición, causas psicológicas como anorexia nerviosa, enfermedad de Alzheimer o depresión, enfermedades neurológicas como accidentes cerebro vasculares, traumatismo craneocefálico, esclerosis múltiple, tumores cerebrales y enfermedades neurodegenerativas y anorexia consecuencia de la quimioterapia, radioterapia, enfermedad pulmonar obstructiva crónica, insuficiencia cardiaca, etc.).

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