Comer proteínas reduce el apetito

Comiendo más proteínas durante el día y menos por la noche podemos entrenar el cuerpo para que nos pida menos comida.

Diferentes estudios nos comprueban la eficacia de las proteínas en la saciedad, conozca sus avances al respecto y como influye nuestra dieta…

¿Glucosa intestinal?

Un equipo de investigadores de la Universidad de Lyon (Francia) ha realizado un estudio, publicado en la revista especializada “Cell Metabolism”, que demuestra en roedores (aunque la relación se da también en las personas) que la ingesta de proteínas reduce más el apetito que la de hidratos o grasas.

La importancia del estudio es doble: en primer lugar, nos indica un camino para controlar mejor la obesidad: sin ser una panacea, la ingesta preferente de alimentos más proteicos (carne, pescado, huevos, legumbres,…), probablemente favorecerá el control del peso, al reducir el apetito más que otros alimentos ricos en hidratos o grasas. Siempre, por supuesto, a igualdad de calorías consumidas.

Pero el descubrimiento también es importante por el mecanismo de actuación que ha puesto en evidencia: la presencia de glucosa en el intestino delgado reduce la sensación de hambre, y viceversa. De esta forma, se abre una vía para tratar trastornos alimentarios (no solamente obesidad), que podría deparar en el futuro resultados prometedores.

Comer proteinas

Los resultados del estudio publicado en el American Journal of Clinical Nutrition sugieren que para perder peso no hace falta cortar los hidratos de carbono. La clave se encuentra en las proteínas, responsables de la reducción de la ingesta de calorías.

Los autores de la investigación sostienen, además, que los regímenes alimenticios bajos en hidratos raramente funcionan, lo que ha llevado a considerar que son los cambios de los ingredientes de la dieta, y no sus calorías, los que ayudan a reducir el peso.

Para llegar a estos resultados se sometió a diferentes dietas a 19 personas. En una de ellas, seguida durante dos semanas con el objetivo de mantener el peso, las calorías procedían en un 15% de proteínas, en un 35% de las grasas y en un 50% de hidratos
de carbono.

En otra de las dietas se elevó la proporción de proteínas hasta representar el 30% de las calorías, un 20% procedía de lípidos y no se variaron los hidratos de carbono. Después de dos semanas se permitió durante tres meses más, consumir el mismo porcentaje de calorías de cada tipo de alimento, pero además se les dejó que consumiesen todas las calorías que quisiesen.

Tras analizar los datos se observó que las personas con un control de las calorías y una dieta alta en proteínas, habían experimentado una sensación de hambre menor. Cuando mantuvieron la dieta, pero se liberó el consumo de calorías, acabaron consumiendo menos calorías por día y perdiendo cinco kilogramos. Según explica la doctora Astrup, las calorías se neutralizaban porque la mayor ingesta de proteínas acababa reduciendo el apetito.

La Termogénesis

También en la Universidad de Harvard (Boston, Masachusetts), investigan el efecto de una dieta rica en proteínas sobre la saciedad, la pérdida de peso y la termogénesis. Bajo su punto de vista, las dietas hiperproteicas harían algo más que disminuir el apetito: incrementar el gasto energético del organismo.

Este extremo ha sido corroborado por M.S. Westerterp-Plantenga y cols., de la Universidad de Mastricht (Holanda), quienes observaron a ocho mujeres con edades comprendidas entre los 23 y los 33 años y un IMC medio de 23 kg/m2 por espacio de 36 horas en el interior de una cámara hiperbárica. Cuatro siguieron una dieta distribuida del siguiente modo: 29% proteínas, 61% carbohidratos y 10% grasas; mientras que las cuatro restantes ingirieron 9% proteínas, 30% hidratos de carbono, 61% grasas.

Los expertos monitorizaron la termogénesis inducida por la dieta y descubrieron que el mayor gasto de energía se dio en las que comieron más proteínas, de forma paralela a la sensación de saciedad. También hallaron que las mujeres más delgadas desarrollaban una mayor termogénesis y presentaban mayor sensación de saciedad.

La termogénesis es una actividad controlada por el cerebro y que marca la pauta del ritmo metabólico. La termogénesis inducida por la dieta entraña una liberación de calor, debido a que el cuerpo requiere un cierto número de calorías para mantener sus funciones. La termogénesis inducida por la dieta está mediada por el sistema nervioso simpático, cuyos receptores beta-adrenérgicos actúan sobre tejidos que tienen la capacidad de quemar la grasa y prevenir su acumulación en los tejidos (obesidad).

Identificando la proteína

En el 99,9% de personas obesas, la producción de leptina, hormona controladora del apetito, no actúa con la eficacia de una persona delgada. Queda todavía por identificar qué proteínas ejercen una mayor actividad glucogénica en el intestino, y un equipo de la Universidad de Harvard (EEUU) trabaja ya en un modelo determinado: la SOCS-3.

Jeffrey Flier denuncia que muchos tabloides siguen dando caña a la hipótesis de que la leptina es la hormona controladora del apetito y que los individuos obesos necesitan un mayor aporte de leptina para regular mejor su saciedad. «Sin embargo, sabemos a ciencia cierta que el 99,9% de los individuos obesos produce leptina en las cantidades requeridas; una leptina que, en su caso, no actúa con la eficacia de un individuo delgado».

La leptina (del griego lento, que significa «delgado») es segregada desde las células grasas en dirección al hipotálamo, regulador de los principales impulsos de la conducta: hambre, sed, deseo sexual y otras funciones vitales. «Quisimos averiguar por qué la gente obesa desarrolla una resistencia a la leptina, y dimos de este modo con una proteína supresora de la señalización de las citocinas, la SOCS».

La cuestión ahora es saber si leptina y SOCS-3 interactúan en el organismo humano del mismo modo que lo hacen en las ratas, y la empresa farmacéutica Eli Lilly & Co. se encuentra trabajando en un fármaco capaz de bloquear la SOCS-3 y combatir por esta vía la resistencia a la leptina. Otra incógnita que queda por resolver es si el bloqueo de la SOCS-3 redunda sólo en el apetito o también en otras funciones del hipotálamo, tenido por muchos como el «cerebro» del cerebro.

La clave es el aporte en la dieta

Las dietas ricas en proteínas producen un aumento de la glucosa en el intestino delgado, lo que envía al cerebro sensación de saciedad. Por tanto, parece adecuado no olvidar ingerir alimentos proteicos para controlar el peso, aunque no de forma exclusiva, pues hay que comer de todo para evitar carencias nutricionales.

Pero una vez más hay que insistir en la importancia de tener una dieta variada, es decir, comer de todo. No se trata, por tanto, de tomar sólo alimentos proteicos, porque incurriríamos en carencias que podrían perjudicar gravemente nuestra salud. En caso de duda, el control de un médico es fundamental.

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